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sábado, 4 de junio de 2011

Temática de Werther

Amor
Es muy cierto que sólo el amor hace que el hombre necesite de sus semejantes.
(15 de agosto.)

Dice Carmen Villasante que para leer Werther hay que haber amado: sólo comprenderá quien haya sentido. Un corazón sensible, un corazón ardiente, un corazón inquieto y oprimido, desbordante de pasión, se nos revela con toda su espléndida belleza en las páginas de un diario que comienza en el mes de mayo, en toda la plenitud primaveral. El joven héroe - porque es un héroe del sentimiento- todavía llora la muerte de su amiga cuando conoce a Carlota y se enamora de ella. Así le sucedía a Romeo cuando conoció a Julieta, apenas convalecía de un amor perdido. Y es que parece haber una especial predisposición al amor en algunas naturalezas humanas; una gran capacidad de amar, una especie de estado permanente de enamoramiento que da lugar al nacimiento de grandes pasiones.

En el Romanticismo, tales naturalezas ardientes eran consideradas como seres superiores, como "almas bellas", ennoblecidas por el sentimiento. Una nueva sensibilidad enriquecía al hombre frente a los excesos del cerebralismo filosófico y de una sabiduría paralizadora. Cuando Werther exclama: "¡Ay, lo que yo sé, todos pueden saberlo!... ¡Sólo mi corazón es mío!" está proclamando un individualismo cordial: frente al ser que piensa, el ser que ama.

Sociedad
¡Oh, si fuera príncipe! Diría a la mujer del cura, al alcalde y al administrador… ¡Príncipe! ¡Bah! Si yo fuera príncipe, ¿qué me importarían los árboles de mi país?
(V. 15 de septiembre)

El joven romántico que es Werther no sólo padece de amor: es un alma solitaria en una sociedad que no le gusta. Le molestan las relaciones burguesas, la burocracia, el ceremonial, y, rebelde, libre y orgulloso, se opone al servilismo y al envilecimiento, lo que le cuesta la destitución de su cargo. A las penas del joven Werther se añade un descontento hacia el ambiente que le rodea, donde hombres cautos y falsos tienen la mayor preponderancia.

Werther es feliz en el retiro de su cabaña; muy rousseauniano, suele esconderse para gozar de la soledad elegida libremente y confundirse con la naturaleza. El individuo descontento de la sociedad, el joven sensible, anhela más que nunca ser comprendido por alguien; de ahí la fuerza con que se entrega a la pasión del amor.

El éxito fulminante de Werther (1776) se debe precisamente a que Goethe reflejaba en este intenso librito las preocupaciones y sentimientos de muchos de sus contemporáneos. El hastío de la vida, el tedio vital, la desesperación que ahonda en el alma de Werther no sólo provienen de un amor desgraciado, sino de un descontento general que sentía la juventud alemana por entonces.

Personalidad
¡Ah! Si fuera más superficial, sería el hombre más feliz del mundo. Otros, pobres de fuerza y de talento se pavonean delante de mí con aire de suficiencia y yo me desespero de mis energías y de mis dotes. Tú, Señor, que me has dado todos estos bienes, ¿por qué no me negaste la mitad, para concederme la confianza y la satisfacción de mí mismo?

En la novela se perfilan diferentes rasgos del carácter del joven romántico, dibujando el mapa de una personalidad que puede definirse genéricamente como "pasional" frente a lo "racional": Werther defiende con frecuencia el buen humor y la pureza del corazón y de las costumbres, así como la vehemencia en las acciones y sentimientos.

Razón versus Pasión.
Su exterior tranquilo hace un contraste muy marcado con mi carácter turbulento, que en vano me gustaría ocultar.
(V. 12 de agosto.)

El hombre razonable y el hombre apasionado están en los dos polos opuestos. En este librito, Alberto, el prometido y esposo de Carlota, es el hombre razonable, moderado, reflexivo, que a veces adolece de falta de sensibilidad:
Este Alberto es tan meticuloso, que cuando cree haber dicho algo atrevido, absoluto, casi un axioma, no deja de limitar, modificar, quitar y agregar hasta que desaparece todo lo que ha dicho
(V. 12 de agosto).

Desde el punto de vista de Alberto, Werther aparece como un insensato, embriagado por el delirio de sus pasiones, como un loco dominado por una furiosa e infinita pasión. Werther es el joven impulsivo que habla con ardor y cuya sangre corre más rápida por sus venas que la del hombre reflexivo. Si el lector adopta el punto de vista del hombre razonable, se asustará con los gestos wertherianos; pero si comprende a Werther encontrará vulgar y fría la figura de Alberto.

¡vayan al diablo los razonadores! Vago por los bosques y cuando llego a casa de Carlota y veo a Alberto sentado a su lado, entre el follaje del jardín, y tengo que controlarme, me vuelvo loco y hago mil necedades.
(V. 30 de julio)

Arte y naturaleza

Al atractivo de la historia personal que encierran Las penas del joven Werther se une el encanto de la poesía, de la música y de la naturaleza. Werther y Carlota comienzan a amarse con el recuerdo de un gran poeta -Klopstock- en una tarde irisada de lluvia, y terminan exaltados con la lectura de los cantos de Ossian, iluminados por la nocturna luz lunar.

Las melodías preferidas embellecen los momentos más líricos del sentimiento. Carlota al piano, tocando aquella música perturbadora, hace resonar las más íntimas vibraciones musicales del alma de Werther. La Música y la Literatura, en correspondencia con el sentimiento, dan a la pasión amorosa una fascinación difícilmente superable.

El caso es que Arte y Naturaleza cobran sentido para el romántico en la medida en que se encuentran en consonancia con el alma del poeta, del genio, del artista, del hombre. El hombre romántico, apenado, busca ecos a su propio espíritu en la soledad de los bosques, en la belleza de los paisajes idílicos.

Suicidio
¡[...]aquellos momentos en que yo colocaría contento una bala en mi cabeza!

Werther representa a la perfección la angustia vital que, al hundirse la antigua armonía, sin que aparezcan otras soluciones, devora al hombre romántico. Werther encarna el profundo desengaño y el vacío existencial propios de su época y, como tantos jóvenes, se deja llevar por el sufrimiento y la desolación.

Acuden con frecuencia al personaje pensamientos desesperados, pesimistas, asesinos y suicidas que anuncian la desgracia final: no hay otra salida para la desesperación del hombre romántico. La muerte de Werther resuena hasta el pistoletazo con el que Larra puso fin a sus días.

Religión
...dijo que no se debía hacer creer nada a los niños; que estos abusos eran origen de errores y supersticiones innumerables[…] Entonces recordé que ocho días antes había hecho este charlatán bautizar a un niño; por lo cual [...] prevalecí fiel con todo mi corazón a esta verdad: “Es preciso actuar con los niños como actúa con nosotros el Señor, que nunca nos hace más felices que cuando nos deja embriagarnos con una agradable ilusión

Werther, a diferencia de otros personajes románticos (Don Juan, D. Álvaro) no llega a enfrentarse con la religión y con Dios: él, aunque con ciertas reticencias que le hacen ser crítico con las creencias, aún respeta la Biblia. Hay que recordar que no todos los románticos fueron exaltados y, aún, que muchos de ellos, como nuestro José de Zorrilla en la mayoría de sus obras, vieron en la ortodoxia y el conservadurismo otra posible vía de escape al "mal du siècle".

Dos opiniones sobre Werther y su trascendencia

Transcribo una opinión personal que podéis leer en su contexto aquí. A partir de ésta podéis reelaborar la vuestra.

En mi opinión, Werther es una obra de fácil lectura, en la que no resulta difícil simpatizar con los vaivenes anímicos del protagonista. Al principio alegre, progresivamente enamorado de Carlota, y después triste y enfermizo por el conocimiento de que nunca podrá consumar su afecto hacia ella, tanto que incluso lleva a los hechos su idea de suicidarse.

Lo más destacable es la forma epistolar de la obra, ya que nos permite observar cómo según las vivencias de cada día el alma de Werther vira en un rumbo distinto. A veces más esperanzada, otras enamorada, otras combativa, aunque finalmente desemboque en un fatal desenlace.

Respecto a la amada, Carlota, considero que está bien reflejada como un personaje maternal hacia sus hermanos menores, que permanece fiel a su prometido Alberto y que en todo momento manifiesta a Werther una simpatía que no va más allá de la amistad durante casi toda la obra. Así todo, al final de ésta podemos entrever que la llama del amor se ha avivado también en ella aunque la intente mitigar en pos de la estabilidad y de las convenciones morales que la sociedad le impone.

En conclusión, Werther y su protagonista son un auténtico paradigma del romanticismo, y se trata de una obra que merece la pena paladear.

Aquí dejo otro texto citado, para ver en su contexto original

Para comprender el efecto que Las desventuras del joven Werther tuviera sobre la juventud alemana del siglo XVIII, hay que considerar que, en una época donde las telecomunicaciones no existían, donde los rankings de libros más vendidos eran algo impensable y donde los libros sólo se recomendaban gracias al boca a boca, este libro se convirtió en un verdadero best-seller. Goethe pasó a ser considerado un maestro por los adolescentes y jóvenes, quienes no solamente imitaban al protagonista hasta en su forma de vestir, sino que en algunos casos se sintieron tan identificados con el joven y desdichado Werther que se dice que hubo una gran cantidad de suicidios.

Opinión personal: Las cuitas del joven Werther es un libro triste, es cierto, pero que probablemente no impacte en los lectores de hoy de la manera que lo hiciera allá por el siglo XVIII. Hay que reconocerle el mérito a Goethe en el sentido de que fue un precursor, aún cuando siglos de romanticismo, melodrama y culebrones nos hayan acostumbrado a los finales trágicos.

La novela epistolar: estructura de Werther

Novela epistolar se llama a las novelas escritas en forma de cartas (epístolas) enviadas o recibidas por los personajes de la misma. A través de las cartas que escriben, se va mostrando la evolución de los personajes.

La novela epistolar se hizo extremadamente popular durante el siglo XVIII, gracias en gran parte a la obra Pamela o la virtud recompensada (1740) de Samuel Richardson, en la tradición inglesa, y cuyo influjo se extendió al continente europeo, y Julia o la nueva Eloísa(1761) del suizo Jean-Jacques Rousseau en la tradición francesa.

Es un procedimiento narrativo que permite cierto análisis psicológico, por lo que fue utilizado a veces por los narradores románticos, como Las desventuras del joven Werther(1774) de Goethe o Lady Susan (última decada del siglo XVIII) de Jane Austen.

En la literatura rusa no puede dejar de mencionarse la primera novela de Fiodor M. Dostoyevski, Pobres Gentes, escrita entre 1844 y 1846, cuando el autor tenía veinticinco años de edad.

La originalidad de Werther reside en que se trata de una novela epistolar. El cuerpo de la novela tiene forma de colección de cartas, escritas la mayoría por Werther a su amigo Guillermo, del 4 de mayo de 1771 al 20 de diciembre de 1772, concretamente. También hay una serie de cartas escritas por Werther a Lotte (20/1/1772), y una carta escrita a Lotte y a Albert (20/2/1772).

Además, contamos con los escritos del editor, persona ficticia que recoge las cartas y explica en qué consisten. Estos escritos aparecen al comienzo de la obra, a modo de presentación, y también al final. Esa sección se titula “Del editor al lector”, y en ella se recopilan los últimos días de la vida de Werther, además de fragmentos de la vida de Lotte y un marco explicativo de las cartas.

viernes, 3 de junio de 2011

Las desventuras del joven Werther

Werther marca el comienzo no sólo del Romanticismo, sino de la literatura alemana propiamente dicha, que hasta entonces había subsistido a base de modelos franceses e ingleses.

La historia de un amor imposible que acaba en tragedia tenía su origen en una experiencia propia, pero Goethe supo proyectar en ella las inquietudes de la juventud de su época: exagerado sentimentalismo, angustia vital, comunión con la naturaleza... Eso explica su enorme éxito: su repercusión en las modas (vestidos, perfumes, abanicos, objetos de regalo...) y hasta en el comportamiento de los jóvenes (la novela fue condenada por la Iglesia porque al parecer su publicación desencadenó una ola de suicidios).

Goethe utilizó la forma epistolar entonces en boga, aunque sin el didactismo de Pamela y sin la multiplicidad de corresponsales de La nueva Eloísa, sus modelos más directos. En las cartas a un amigo, Werther nos ofrece los secretos más recónditos de su alma y su gradual evolución, desde la felicidad inicial a la desesperación y al suicidio. Pero no todo son confidencias amorosas; su correspondencia está salpicada de reflexiones sobre los más diversos temas: la educación de la infancia y la tiranía de los padres; la libertad e igualdad de los individuos; el derecho al amor y a la vida; la crítica a la religión y a la moral tradicionales... Estos temas tienen un evidente carácter ilustrado. Por ello, podemos hablar de Werther como una obra fronteriza que comunica La Ilustración con el Romanticismo. El libro asombra también por su lenguaje: preciso, armonioso, lleno de colorido e imágenes.

Argumento

Las desventuras del joven Werther se presenta como una colección de cartas escritas por Werther, un joven artista de temperamento sensible y apasionado, y dirigidas a su amigo Wilhelm. En estas cartas, Werther revela datos íntimos de su estancia en el pueblo ficticio de Wahlheim (basado en la ciudad de Garbenheim), donde queda encantado por las tradiciones simples de los campesinos. Conoce y se enamora de Lotte, una hermosa joven que cuida a sus hermanos después de la muerte de su madre. Desafortunadamente, Lotte ya está comprometida con Albert, once años mayor que ella. A pesar de la pena que esta relación le origina, Werther cultiva una amistad íntima con carLotte y Albert. Dicha pena lo obliga a abandonar Walheim para dirigirse a Weimar.

Allí conoce a la Fraulein von B. Sufre una gran pena al enterarse de que Lotte nunca va a ser suya y junto con un amigo se queja de su situación. Después regresa a Walheim, donde sufre más que nunca, parcialmente porque Lotte y Albert están casados. Cada día que pasa le recuerda que Lotte nunca podrá corresponder su amor. Con pena por Werther y respeto por su esposo, Lotte decide que Werther no debe visitarla tan frecuentemente. Él la visita por última vez y después de recitar un pasaje de Ossian, ambos se besan. Werther sabía, antes de este incidente, que uno de ellos —Lotte, Albert, o Werther— tenía que morir. Incapaz de hacerle daño a otro ser, Werther no ve más opción que su suicidio.


Después de escribir una carta de despedida (para que fuera encontrada después de su muerte), le escribe a Lotte pidiéndole dos pistolas con la excusa de que las necesitara para un viaje. Lotte recibe esta petición con dolor y le manda las pistolas, lo cual interpreta Werther como que ella aprueba su decisión. Luego, Werther se quita la vida.

Goethe y su época

A mediados del Siglo XVIII, sin que aún existiera una unidad política, la economía alemana había florecido; pero en cierto modo faltaba a la nación alemana un desarrollo cultural en lo literario, con un contenido susceptible de considerarse clásico, como existía en Francia. Pero el florecimiento económico, dio lugar al surgimiento de algunos centros urbanos de gran empuje cultural, como Frankfurt, Leipzig y Weimar.

En el último tercio del siglo XVIII, el medio intelectual europeo fue el de la Ilustración, que tuvo gran influencia en Alemania, donde un grupo muy importante de personalidades, poetas, pensadores, ensayistas, hicieron destacar la cultura alemana como centro de la cultura europea; llevando a que se calificara al pueblo alemán como pueblo de poetas y pensadores.

Al finalizar el Siglo, a pesar del atractivo que para muchos escritores y pensadores alemanes seguía presentando la obra de los enciclopedistas franceses – especialmente Corneille y Voltaire – así como la de Jean Jacques Rousseau, surgió una fuerte inclinación hacia Shakespeare.

En 1776, se publicó en Alemania una comedia de la que es autor Maximilian Klinger (1752-1831), cuyo nombre en alemán, “Sturm und Drang” (Tormenta e Impulso) terminó asignándose a un movimiento literario surgido entre los años 1770 y 1785, cuyos autores, siguiendo las ideas de J. G. Herder (1744-1803), se agruparon en torno al escritor alemán Johann Wolfgang Goethe (1749-1832).

Un elemento muy presente en estas corrientes literarias, con fuerte influencia de índole religiosa vinculada al luteranismo, fue la exaltación del individuo; cuya independencia en cuanto a la fe religiosa frente a la presión del dogmatismo, constituyó uno de los temas recurrentes. Al mismo tiempo que el individualismo y la afirmación de la libertad esencial de su espíritu, surgió una exaltación del sentimiento como algo superior a la razón, como sintetizara Rousseau en su frase “Siento antes de pensar”.

Componentes principales del “Sturm und Drang”.

Pueden sintetizarse las principales líneas del “Sturm und Drang” en los siguientes conceptos:

El rechazo del racionalismo — Especialmente como pauta del comportamiento individual. No se trata de desvalorizar la razón como instrumento del conocimiento humano; sino de exaltar la actitud de la personalidad impulsiva, que actúa guiada por los embates de la pasión antes que por los consejos de la reflexión racional.

La valoración de lo misterioso — Como un componente de los hechos que ocurren con prescindencia de la lógica racional, los autores frecuentemente acuden a la fuente de las leyendas y supersticiones populares; que además representan un recurso de extracción nacionalista alemana.

El panteísmo naturalista — Los procesos intensamente místicos estuvieron presentes en alguna etapa de la vida de casi todos los grandes exponentes de esta corriente. Pero, fuertemente influídos por el reformismo religioso alemán, tratan de armonizar los fundamentos de la religión con una permanente invocación de la naturaleza, a la que presentan como un gran organismo viviente, libre y salvaje; incluyendo en ese concepto los componentes espontáneos y hasta instintivos del ser humano, que en último análisis son vistos todos ellos como otras tantas manifestaciones de la voluntad divina.

La exaltación del sentimiento — En contrapartida del rechazo del predominio de los dictados de la razón como determinantes de la conducta humana, el impulso emanado de los sentimientos y de las emociones, especialmente del amor y su pasión, es valorado como factor predominante al que es preciso liberar en sus manifestaciones vitales. Goethe dijo “El mejor hombre, es el que se estremece”.

La exaltación de lo individual — Como una manifestación trasladada desde la concepción de la autonomía individual en lo religioso preconizada por la Reforma Luterana, el impulso creador del artista es visto como una manifestación de la individualidad a través de sus sensaciones, su inspiración, las visiones de la intuición y la influencia del amor. Lo esencial de la poesía consiste en una emancipación del espíritu, una especie de confesión íntima, que bucea en lo más específicamente singular del individuo, como ocurre en el “Werther” de Goethe.

Johann Wolfgang Goethe (Frankfurt, 1749-Weimar, 1832) Nacido en el seno de una familia patricia burguesa, su padre se encargó personalmente de su educación. En 1765 inició los estudios de derecho en Leipzig, aunque una enfermedad le obligó a regresar a Frankfurt. Una vez recuperada la salud, se trasladó a Estrasburgo para proseguir sus estudios. Fue éste un período decisivo, ya que en él se produjo un cambio radical en su orientación poética. Frecuentó los círculos literarios y artísticos del Sturm und Drang, germen del primer Romanticismo y conoció a Herder, quien lo invitó a descubrir a Homero, Ossian, Shakespeare y la poesía popular.

Fruto de estas influencias, abandonó definitivamente el estilo rococó de sus comienzos y escribió varias obras que iniciaban una nueva poética, entre ellas Canciones de Sesenheim, poesías líricas de tono sencillo y espontáneo, y Sobre la arquitectura alemana (1773), himno en prosa dedicado al arquitecto de la catedral de Estrasburgo, y que inaugura el culto al genio.
En 1772 se trasladó a Wetzlar, sede del Tribunal Imperial, donde conoció a Charlotte Buff, prometida de su amigo Kestner, de la cual se prendó. Esta pasión frustrada inspiró su primera novela, Los sufrimientos del joven Werther, obra que causó furor en toda Europa y que constituyó la novela paradigmática del nuevo movimiento que estaba naciendo en Alemania, el Romanticismo.

De vuelta en Frankfurt, escribió algunos dramas teatrales menores e inició la composición de su obra más ambiciosa, Fausto, en la que trabajaría hasta su muerte; en ella, la recreación del mito literario del pacto del sabio con el diablo sirve a una amplia alegoría de la humanidad, en la cual se refleja la transición del autor desde el Romanticismo hasta el personal clasicismo de su última etapa. En 1774, aún en Frankfurt, anunció su compromiso matrimonial con Lili Schönemann, aunque rompió el noviazgo dos años más tarde; tras aceptar el puesto de consejero del duque Carlos Augusto, se trasladó a Weimar, donde estableció definitivamente su residencia.